De diseñador a ingeniero
Noviembre 4, 2024A lo largo de la historia de lo creativo, idear y producir nunca estuvieron completamente separadas. No porque siempre las hiciera la misma persona, sino porque el medio imponía límites que obligaban a pensar con él. Un diseñador gráfico sabía qué se podía imprimir. Un arquitecto sabía qué podía sostenerse de pie. El formato no era neutro: condicionaba el proceso.
Por alguna razón, en el diseño de interfaces este vínculo que parecía inseparable se rompió (o, al menos, hasta hace muy poco).
Para simplificar la tarea, los diseñadores crearon softwares para facilitar conceptos complejos. Estados, flujos y comportamientos abstractos se tradujeron en opciones acotadas, paneles, frames y componentes. Esto fijó ciertos límites a cómo pensamos las interfaces.
Estas herramientas que nos ayudan a diseñar también definen qué tipo de interfaces somos capaces de imaginar. Su formato, en su mayoría estático, nos obliga a pensar en pantallas aisladas, aunque sepamos que los productos reales funcionan de forma dinámica.
Ahí aparece una frontera.
Es imposible que un ingeniero replique al 100% la idea que tiene un diseñador. Nuestra tarea recae en mostrar pasos concretos: vistas, flujos, estados “felices”. Pero gran parte de la experiencia ocurre entre medio, cuando las cosas salen mal, o cuando las cosas podrían salir mejor.
Esos espacios rara vez quedan definidos y, cuando no lo están, alguien tiene que tomar decisiones (probablemente un ingeniero, apurado y con muuucho trabajo más que hacer).
Borrando la frontera
En este escenario, cada vez más diseñadores están entrando al código. Productos como Linear o Vercel se han caracterizado en los últimos años por equipos nuevos pero potentes de "design engineers" (o ingenieros en diseño, para los no siúticos), diferenciándose de su competencia al crear productos que no solo funcionan bien, sino que se sienten bien.
Con barreras de entrada más bajas que nunca, gracias a herramientas como Cursor, el código deja de ser un territorio exclusivo y se vuelve parte del proceso creativo.
Cuando el diseñador puede interactuar directamente con el sistema, muchas suposiciones se vuelven explícitas. Los límites dejan de ser teóricos. Las decisiones ya no viven solo en la cabeza o en el archivo, sino en algo que se puede ejecutar, romper y ajustar.
En este contexto, diseño e ingeniería dejan de ser etapas separadas y empiezan a mezclarse en un mismo espacio de trabajo.
El código busca acercar las interfaces al medio donde realmente existen: la web.